lunes 6 de julio de 2009

EL CURITA BILOCADO

La bilocación –estar en dos sitios distintos a la vez– es uno de los milagros más cotizados dentro del santoral católico. San Martín de Porres, San Antonio de Padua, San Juan Bosco o San Francisco de Asís se cuentan entre los místicos a los que la Iglesia y sus doctores reconocen ese poder sobrenatural, prueba inequívoca de santidad. Sin embargo, la Iglesia moderna –la que al fin admitió su error con Galileo– hace tiempo que no santifica a ningún bilocado y recomienda desconfiar de aquellos que presumen de tal don. La razón es estadística: todos los santos capaces de estar al mismo tiempo en misa y repicando solían restar importancia al milagro, cuando no negarlo. Para Roma, la modestia es complemento indispensable de la virtud.

Tal vez eso explique la discreción de Paco Camps, el artista también conocido en las grabaciones de la Gürtel como
el curita. El diario Levante ha publicado que la agenda oficial del president le sitúa en Alicante el mismo día en el que, según declaró ante el juez, había pagado sus famosos trajes en efectivo y en persona en una tienda de Madrid. Si, como hace Mariano Rajoy, damos por intachable la honorabilidad del molt honorable, apenas nos queda la fe en el milagro: con Camps, la bilocación es posible.

Aunque hay alguna otra explicación igual de creíble. Una es más literaria: la del gemelo malvado. Puede que milano bonito, como
el vizconde demediado, tenga un doble maligno, un doppelgänger que recorrió Alicante mientras su lado bueno saldaba cuentas a 400 kilómetros de distancia. La otra posibilidad no es ni mística ni romántica. Tal vez Camps pudo pagar en persona sus trajes en Madrid sin salir de Alicante porque tiene la mano muy larga.

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