lunes 30 de enero de 2012

EL DIPUTADO DESCONOCIDO


El alcalde de Huelva viene reclamando su derecho a representar a los ciudadanos  en el Parlamento de Andalucía, y que el partido gobernante en la Comunidad quiere impedírselo con la famosa Ley "de un político un cargo", que imposibilita a los alcaldes ser diputados en el Parlamento.

Palabras con demasiado honor utiliza en este caso un político que ha hecho transitar la palabra por un árido desierto, durante bastantes años, y palabras huecas, ya que este señor practica el más absoluto absentismo laboral en el Parlamento de Andalucía, premio perpetuo al diputado desconocido.

Siendo Consejera Rosa Aguilar, se atrevió a realizar una pregunta sin guardar las formas parlamentarias, y tras ser recriminado por la presidenta de la cámara soltó aquello de "es que no se como funciona esto". 

Todo esto es una gran farsa para jubilarlo, una vez ganada la alcaldía y con las andaluzas a un tiro de piedra. Con todo el poder en manos de un partido ¿para qué necesitan a un alcalde mayor, amortizado políticamente y entre cuyas dedicaciones principales está  comer habas con chocos en las asociaciones de vecinos de Huelva?.

Arenas quiere pasear a Perico por toda la campaña electoral aún sabiendo que el empeño es fraudulento,  batallando para asustar al enemigo, a modo de un  Cid Campeador Choquero

LA FARSA



Son malos tiempos para la justicia.

Vengan a ver la farsa,
el decorado roto, la peluca mal puesta,
palabras de cartón y pantomima.

Son malos años para la justicia.

Como el mar no es azul,
los barcos equivocan la cuenta de sus olas.
Como el dinero es negro,
la moneda menguante de la luna
ha pagado el recibo de la noche.

Son malos meses para la justicia.

Se citaron el crimen y el silencio,
no descansan en paz los perseguidos,
el ladrón y el avaro se reúnen
y la ley no responde a la pregunta
de la bolsa o la vida.

Son malos días para la justicia.

Más de cinco millones de recuerdos
naufragan con sus nombres en la cola del paro.
Los vivos han perdido la memoria
y los muertos no tienen donde caerse muertos.

Son malas horas para la justicia.

La política sueña
una constitución en la que refugiarse.
Los periódicos piden
una buena noticia que llevarse a la boca.
El poeta no encuentra
las palabras que quiere para decir la verdad,
reparación, historia,

porque son malos tiempos,
porque los tribunales
se han sentado a cenar en la mesa del rico.

Vengan aquí y observen,
es el tinglado de la nueva farsa,
la toga sucia y el culpable limpio.

Luís García Montero

OTRA VISIÓN DE LA ARQUITECTURA ES POSIBLE

Un revolucionario ensayo plantea una historia universal de la disciplina y cuestiona el peso de la tradición occidental

El templo del Buda Esmeralda en Bangkok (Tailandia), construido en 2872. / REDLINK (CORBIS)

Tras visitar la austera villa imperial de Katsura, cerca de Kioto, un viajero de 1650 podría llegar hasta el palacio Potala que levantaron en Tíbet los partidarios del quinto Dalai Lama. Podría luego remontar el río Yamuna para ver el Taj Mahal en Agra (India) y, más tarde, contemplar la vasta extensión de la plaza urbana de Isfahán, en la antigua Persia. Tras admirar la mezquita Suleymaniye, en Estambul, concluiría su periplo visitando il Redentore, la iglesia que Andrea Palladio levantó en Venecia para agradecer el fin de la peste que terminó con el 30% de la población. Por esas mismas fechas, en Londres se estaría levantando la Banqueting House de Inigo Jones, uno de los primeros edificios ingleses proyectados a la manera italiana moderna y representante de un poder que empezaba a crecer, aunque fuera todavía marginal comparado con el de los chinos, otomanos y holandeses. Por entonces, la política exterior inglesa la dirigían más los piratas que los políticos. Y parece ser que la arquitectura traducía esa situación. Ese viajero que visitara edificios mongoles, tibetanos o islámicos no podría admitir que el estilo que imperaba en el mundo era el del último Renacimiento después de lo que había visto. Este viaje puede realizarse en las páginas de Una historia universal de la arquitectura, de Francis D. K. Ching, Mark M. Jarzombek y Vikramaditya Prakash (Editorial Gustavo Gili). Es un análisis cronológico que permite comparar edificios y realizar una revisión crítica y que se completa ahora con la traducción del segundo y último tomo al castellano.

La iglesia uruguaya de Cristo Obrero, de Eladio Dieste. / GUSTAVO GILI

No es habitual que un libro de historia universal de la arquitectura sea realmente universal. Al contrario, los libros con vocación global constituyen la excepción a la hora de explicar la historia, también de los edificios. Ha habido intentos. A finales del XIX, Sir Banister Fletcher trazó un atlas de estilos con esa ambición. Pero lejos de comparar lo que sucedía cronológicamente lo recogió en capítulos ordenados geográficamente. Es justo decir que el espléndido tomo de Fletcher no engañaba. Se titula Una historia de la arquitectura. Incluso Spiro Kostof en su monumental Historia de la arquitectura de 1985, en la que no marcaba distinciones entre alta y baja cultura y hablaba de la disciplina como reflejo de la historia de las personas, limitaba el repertorio de construcción “no occidental” a lo que se había levantado en Asia.

En realidad, la mera manera de nombrar la otra arquitectura resulta reveladora: “Arquitecturas premodernas”, “estilos no históricos” o “arquitectura preoccidental”. El eurocentrismo ha sido la clave a la hora de abordar una historia que, cuando se revisa, revela hipótesis como la posible aparición de la nervadura gótica en Oriente Próximo —que llegaría a España tras emplearse en Bulla Regia (Túnez) y desembocar en la Mezquita de Córdoba— mucho antes de la supuesta aparición del arte gótico.

Las sucesivas historias parciales retratan menos esa arte que a las sociedades desde las que se escribieron. Revisar los hechos como la historia de una adaptación constante es lo que, con afán pedagógico, pretenden los tres profesores estadounidenses en su fascinante invitación al conocimiento.

Plano de una de las construcciones de Andrea Palladio.

Varios historiadores sitúan la Edad Media como el umbral del fin del interés por lo ajeno. Y un clásico de la modernidad, Henry Rusell-Hitchcock, consideró el Renacimiento como el principio de la Edad Moderna, pero cuando Leonardo da Vinci fue invitado a construir un puente en Estambul, se levantaba allí una arquitectura otomana tan influyente como la renacentista. Así, la catedral de Pisa se levantó al tiempo que la pagoda de madera de Yingxian, en China y los logros estructurales de la Parroquia de Cristo Obrero del uruguayo Eladio Dieste podrían compararse a los de la Ópera de Sidney de Jorn Utzon. También la construcción de la Alhambra coincidió con la de la catedral de Amiens en una época en la que el mundo no sabía que era global.

Más allá de desvelar conexiones, esta nueva historia indaga sobre cómo viajaba la información y relaciona la arquitectura con contextos, económicos, religiosos y sociopolíticos como la colonización y la conquista. Pero frente a la idea, tan actual, de microrregionalizar la historia, propone una lectura de la arquitectura más como espacio de intercambio que como símbolo nacionalista. Y aclara que la ausencia de yacimientos prehistóricos en África puede deberse a la ausencia de un trabajo de investigación. Es el caso del mundo precolombino, del que “sabemos poco, porque solo se han excavado el 15% de los sitios arqueológicos”, afirman los autores, que defienden el cosmopolitismo de obras como el Wat Pra Kaew en Bangkok con azulejos exteriores de estilo persa y el recurso barroco de colocar al Buda sobre una estructura dorada.

A pesar de que los orígenes debieron ser parecidos en muchos lugares de la Tierra, está claro que los caracteres no fueron uniformes. Desde el principio hubo sociedades pragmáticas y sociedades simbólicas, pueblos que pusieron mayor esfuerzo en construir graneros y otros que prefirieron dedicarse a erigir templos. Examinar esa diversidad resulta sumamente enriquecedor. Y aunque la Historia de la arquitectura universal de Ching, Jarzombek y Pakash está todavía lejos de ese mapa borgiano que sería la universalidad total (se centra en los monumentos descuidando la arquitectura popular para acotar el contenido del libro) estos volúmenes sí son una suma de todas las historias locales. Además no tienen eje fijo para recodarle al lector que el planeta no empieza en el este o en el oeste sino por cualquier punto. Como los propios autores apuntan, una panorámica global sería una quimera, pero estudiando los vínculos y las conexiones entre las arquitecturas del mundo se abre un camino para comprender las fuentes universales ahora que tanta arquitectura es global. ANATXU ZABALBEASCOA

martes 24 de enero de 2012

CALLE ATOCHA, 24 DE ENERO DE 1977

Una calle de Madrid. La calle Atocha. Un lugar de encuentro de gente de todo tipo que se reúne en sus cafeterías, sus bares, las plazas de alrededor. Se abren nuevos negocios y permanecen o cierran los de siempre. Muchos de los que trabajan por allí se conocen entre ellos y charlan, comen juntos. El Bar Cantábrico, el Bar Brasilia, el restaurante Hilogui, la Plaza de Santa Ana. Lugares llenos de vida por los que miles de personas van pasando casi sin darse cuenta. Una comida rápida, un saludo, una reunión, volver al trabajo. Y una calle como las demás calles de la ciudad. Fría en invierno, solitaria en verano.

Calle Atocha. 1977.

En la calle Atocha trabajaban también un buen número de abogados laboralistas comprometidos con la libertad y la igualdad y dedicados al asesoramiento y defensa de los trabajadores. Su lucha hacía que recibieran anónimos amenazadores contra su vida, pero ellos seguían trabajando. Tenían un despacho que llevaba abierto desde 1972. A él acudían trabajadores de todos los oficios por muy diversas causas: accidentes laborales, despidos improcedentes, salarios que no les pagaban… En ocasiones grupos enteros bloqueaban la escalera del edificio hasta que les llegaba el turno. A todos ellos se les abría un expediente en una carpeta amarilla. Carpetas que muchas veces llevaban por nombre el de un colectivo, otras el de un solo individuo y, que otras veces, eran anónimas. En ellas se incluían multitud de datos, referencias, pero siempre faltaba algo. Algo que no se había apuntado. Carpetas amarillas que llenaban un despacho que, aunque grande, comenzaba a quedarse pequeño.

En 1976 los abogados alquilaron otro despacho. También en la calle Atocha. Parecía que no podía ser en otro lugar. Pero esta vez, en el número 55. Un número para el recuerdo. Lo arreglaron, lo pintaron, y poco a poco los trabajadores comenzaron de nuevo a agolparse junto a la puerta. El despacho empezó a llenarse de carpetas amarillas, de movimiento, de reuniones. Se llenó de vida. El portal estaba repleto de vecinos desconocidos. Para llegar al despacho, había que subir hasta el tercer piso, normalmente por la escalera, porque el ascensor casi nunca funcionaba. Tampoco funcionaría el 24 de enero de 1977. Junto a la puerta, una placa: “Abogados. Horas de consulta: lunes, miércoles y viernes de 16:30 a 20h”. Al pasar la puerta marrón te encontrabas con un salón en forma de trapecio. Era una casa llena de esquinas en la que ibas pasando de despacho en despacho. Tenía balcones a la calle. Al salir de allí, los abogados compartían anécdotas personales y laborales tomando algo en el pub de Santa Bárbara o en la discoteca el Junco. Prácticamente pasaban todo el día juntos. Algunos se habían conocido en la universidad, otros, a su llegada al despacho. Pero sea como fuere, la cotidianidad se convirtió en confianza y ésta a su vez en amistad.

Puerta del despacho

Y llegó el 24 de enero de 1977. Allí estaban nueve personas: Luis Javier Benavides, Ángel Rodríguez Leal, Javier Sauquillo, Serafín Holgado, Enrique Valdelvira, Luis Ramos, Miguel Sarabia, Dolores González y Alejandro Ruiz-Huerta.

Luis Javier Benavides, “Luisja” para sus amigos, había nacido en Villacarrillo (Jaén). Tenía muy claro que su actividad en el futuro estaría relacionada con el campo, con los sindicatos campesinos. Estaba entregado al marxismo y al cristianismo. En Vallecas atendió a numerosos clientes, a pesar de que el barrio estaba perseguido por el franquismo. En Hortaleza participó en las primeras asociaciones clandestinas de vecinos. Era sencillo y abierto. Fue él quien, sin saberlo, abrió la puerta a la muerte. El 24 de enero tenía 27 años.

Ángel Rodríguez Leal era de Casasimarro (Cuenca). Cuando le despidieron de Telefónica llevó su caso al despacho de los abogados y finalmente se quedó a trabajar allí. Llevaba las tareas de organización de documentos, que tanta falta hacían. Era por tanto el único que no había estudiado Derecho. Horas antes de que acontecieran los hechos que cambiaron la historia de aquel despacho y la historia de España, le dio a Alejandro un bolígrafo de marca inoxcrom que éste metió en el bolsillo de su camisa. Le dijo que “le haría falta”. El 24 de enero tenía 26 años.

Javier Sauquillo nació en Ceuta. Empezó a trabajar en el despacho de abogados laboralistas de la calle General Oraa, que posteriormente se uniría con el de Modesto Lafuente. En abril de 1972 se incorporó al despacho de la calle Españoleto, su lugar de trabajo más “estable”. Sin embargo, su experiencia se extendía a Vallecas, Móstoles, Alcorcón… Era una persona con una dedicación total a su trabajo y con las ideas claras, que decía todo sin necesidad de hablar. Estaba casado con Dolores González. El 24 de enero tenía 29 años.

Serafín Holgado era de Salamanca. Había entrado en el despacho de la calle Atocha unos días antes para aprender el oficio mientras estudiaba alguna asignatura que le faltaba para terminar la carrera. Era increíblemente trabajador, lleno de vida y de energía, y alargaba las horas de trabajo hasta el máximo. Era tímido, pero tenía unas tremendas ganas de aprender. Sus intentos por labrarse un futuro terminaron aquella noche. El 24 de enero tenía 27 años.

Enrique Valdelvira era todo sentido común. No era en absoluto el típico abogado que recitaba leyes jurídicas, sino todo lo contrario: siempre tenía una solución imaginativa para todos los casos. Además de trabajar en otro despacho de la calle Magdalena, era profesor de historia en un instituto privado. Un gran orador y un gran maestro. Hay quien piensa que de haber tenido oportunidad de hablar aquella noche, hubiera podido cambiar el curso de los hechos. El 24 de enero tenía 34 años.

Luis Ramos tenía otro despacho en Alcalá de Henares. Era una persona seria, o al menos eso parecía. Casi siempre estaba callado. En silencio. También cuando trabajaba. Era una persona muy serena en todo lo que hacía. No se alteraba. Fue uno de los primeros en pedir ayuda. Y lo hizo sin sobresaltos. Sin aparente nerviosismo. Lo que allí ocurrió se le clavó en lo más profundo, como a todos, pero él prefirió guardárselo para sí mismo. El 24 de enero tenía 37 años.

Miguel Sarabia tenía una sorprendente capacidad para recordar cada uno de los detalles que habían ocurrido aquella noche de forma minuciosa. Era un excelente narrador, también había sido profesor, y contaba las cosas de forma exacta, precisa y directa. Lo que asombraba a unos y molestaba a otros. Una persona comprometida con su trabajo, y que lo llevaba a cabo como si con cada caso estrenara su título de abogado: con una fascinante ilusión. Fue el único que intentó escapar aquella noche. El 24 de enero tenía 49 años.

Dolores González es dos personas diferentes. Por un lado está la mujer alegre, serena y  llena de fortaleza que era antes de los trágicos sucesos de la noche del 24. Por otro lado, está la mujer que nació después de aquella noche. Dolores cambió por completo. Nunca volvió a ser la misma. Un día, una noche, apenas unos minutos, en los que le robaron su libertad, le borraron la sonrisa, la apartaron de Javier y la sumergieron en el silencio. El 24 de enero tenía 31 años.

Alejandro Ruiz-Huerta nació dos veces en Madrid. Había estudiado derecho en la universidad con su gran amigo Luisja. Sin embargo, siempre le habían apasionado la literatura, el teatro y la poesía. Quizá por ello ha comenzado a escribir sobre la noche del 24: hace lo que le gusta al mismo tiempo que se desahoga. No quiere venganza. A pesar de todo, sigue siendo fiel a los principios del derecho y creyendo en la justicia, que será la que decida. El 24 de enero tenía 30 años.

La noche del 24 de enero fue la de un lunes frío y lluvioso. En todos los sentidos. En el despacho de la calle Atocha nº 55 va a tener lugar una reunión de los abogados laboralistas. Una reunión en la que estará presente la tensión ciudadana que se vivía desde hacía meses como consecuencia de la escalada de violencia que asolaba el país. Algunos de los abogados cogen el coche desde la otra punta de la ciudad para llegar al despacho, otros ya se encuentran allí.

Cuando Alejandro sube hasta el tercer piso y entra en el salón lleva consigo un bocadillo de jamón que acaba de comprar en el Globo. Lo comparte con Enrique y Luisja mientras comentan las últimas acciones violentas y manifestaciones acaecidas en Madrid. Una reunión de transportistas acaba de terminar allí mismo. Corrillos de sindicalistas comentan la huelga de transportes y sus últimos incidentes. Navarro les invita a marcharse. Y él también se despide. En ese momento, Ángel entra por la puerta del despacho. Ya se había marchado a tomar algo con otros compañeros, pero volvió porque se le había olvidado un ejemplar del Mundo Obrero.

Mientras tanto, tres hombres llegan al número 55 bajo la oscuridad de la calle Atocha. Sin ser vistos, suben hasta el cuarto piso mientras esperan el mejor momento para irrumpir en el despacho. Sus nombres son José Fernández Cerrá, Carlos García Juliá y Fernando Lerdo de Tejada. En la escalera, Juliá decide taparse el rostro. Ninguno de los otros dos entiende del todo el porqué, se supone que no hay que fallar. Cuando todo parece calmado, bajan al tercer piso.

Llaman al timbre. Alejandro y Luis Javier van a abrir. Se chocan. Finalmente abre Luis Javier. Dos hombres irrumpen en la sala. Uno lleva el rostro tapado, el otro no. Ambos llevan una pistola. Mientras Juliá va hacia los despachos individuales para desconectar los teléfonos, Cerrá apunta a siete personas con su arma y les reúne a todos junto a la pared del salón. Esas manitas bien arriba -dice- ¿dónde está Navarro? Es mejor para vosotros que nos lo digáis. Javier interviene: no sabemos de quién habláis. Se oye un disparo. Siete rostros congelados. Aún más. Juliá entre en la habitación con Ángel y Serafín y les coloca con el resto. Con los nervios se le había escapado un tiro y se había rozado un brazo. Esas manitas bien arriba. Algunos de los abogados piensan que, quizá, si les hacen caso, no pasará nada. Sólo hay que esperar. Esas manitas… bien arriba. Juliá comienza a disparar. Cerrá le sigue. Uno a uno los cuerpos van cayendo. Los asesinos los rematan en el suelo. Mientras tanto, Lerdo escucha todo desde la puerta. También lleva una pistola, pero ni siquiera está cargada. Nueve vidas destrozadas. Tres asesinos que huyen escaleras abajo sin mirar atrás. En el salón, silencio. Un horrible silencio. Cada uno de los cuatro sobrevivientes se pregunta si será el único. 

Interior del despacho

 Minutos después Luis y Miguel se miran el uno al otro. Nos han matado, Miguel –dice Luis-. Ambos se acercan a la ventana arrastrándose para pedir ayuda. Poco después Alejandro retira el cuerpo de Enrique, que yacía tumbado sobre él, protegiéndole. Llaman de nuevo a la puerta. No puede ser. ¿Serán ellos otra vez? No. Es Luis Menéndez. Sus ojos no pueden creer lo que ven. Va a pedir ayuda.
Las caras de las personas que van entrando a la sala a ayudar, entre ellos, un policía y un barrendero, lo dicen todo y a la vez no dicen nada. Es imposible. ¿Quién ha podido hacer algo así? El horror se refleja en sus rostros. Pero no, ahora tienen que concentrarse en ayudar. Entre todos se llevan los cuerpos sin vida de Enrique Valdelvira, Luis Javier Benavides y Ángel Rodríguez Leal. Javier Sauquillo y Serafín Holgado fallecerían horas después en el hospital. Hay cuatro supervivientes: Luis Ramos, Miguel Sarabia, Dolores González y Alejandro Ruiz-Huerta. Un bolígrafo inoxcrom había desviado la trayectoria de una bala.

Había muchos más despachos de abogados laboralistas. Pero les tocó a ellos. Nueve personas. Nueve vidas contra las que se atentó una noche. Pero no sólo se atentó contra ellos, sino también contra la libertad. Contra la democracia.

Este texto fue redactado para un trabajo de la universidad. Todos los datos que aparecen en él son reales y han sido contrastados a través de entrevistas a los supervivientes y familiares y amigos de las víctimas. Se han eliminado algunos detalles por respeto a todos ellos. Pretende ser un homenaje a las víctimas del atentado de Atocha que deja constancia de lo sucedido. Para que un suceso así no quede en el olvido.  Las fotografías pertenecen al libro de Alejandro Ruiz-Huerta: La Memoria incómoda. Los abogados de Atocha. Editorial Dossoles. Huesca. 2002.

lunes 23 de enero de 2012

A GARZÓN LO TRATAN COMO A UN CRIMINAL Y A FRAGA LE TOCAN LA GAITA



El arqueólogo Juan Luis Castro y sus compañeros comenzaron hoy la exhumación - EFE

El arqueólogo Juan Luis Castro y sus compañeros comenzaron hoy la exhumación - EFE


A pie de fosa, Silvia Hidalgo escucha sin pestañear la lección de su profesor de Geografía e Historia, Leonardo Alanís, que hoy llevó a un grupo de 2º de Bachillerato al inicio de la exhumación de los restos de las conocidas como las 17 rosas andaluzas, en el cementerio de Gerena (Sevilla). “Eran de Guillena. Tenían entre los 20 y los 70 años. Las fusilaron sin más. Ahora estamos leyendo la tierra como si fuera un libro, capa a capa. Estamos recuperando la historia porque muchas personas aún hoy no han podido recoger sus restos”, les explica el arqueólogo Juan Luis Castro. 

“¿Alguien había escuchado lo que le ocurrió a estas mujeres?”, preguntó el profesor. Silvia seguía enmudecida. Únicamente cuando el profesor les mostró un panel con los fotos y los nombres de las 17 fusiladas, en 1937, la joven, de ojos azules y voz tímida, se atrevió a decir: “Josefa Peinado era mi bisabuela”


 "Aquí estamos desenterrando la verdad y mañana juzgan a un juez por ello"

Lo había escuchado en casa, como Rafaela Durán o Paqui Jura cuando eran niñas. “Nos arremolinábamos en la mesa camilla para que nos contaran qué pasó, sin odio. ‘Pero de eso no se puede hablar’, nos decían”, explican estas dos mujeres ya adultas. Hoy ambas hablan alto y claro, sin miedo. Y no soportan la paradoja que están viviendo estos días: “Al juez Garzón lo están tratando como a un criminal y al que se ha muerto le han hecho hasta homenajes con gaitas”, afirma indignada Paqui, en alusión a Manuel Fraga. 

Su abuela estuvo presa, pero se salvó por estar amamantando a su hijo. Murió con 97 años. “A mi bisabuela sí la mataron, y la pelaron y le dieron aceite de ricino y la pasearon por el pueblo después de llevarla a misa, como a todas las demás”, recuerda emocionada Rafaela mientras espera los primeros huesos, a apenas un metro de profundidad. “Aquí estamos desenterrando la verdad y mañana comienzan a juzgar a un juez por ello”, sostiene Lucía Sócam, sobrina nieta de Granada Hidalgo, cuyo pecado fue saber leer.

Sabor amargo

Eugenio López, enfermero de Guillena, apela a la conciencia de José Saramago mientras graba los trabajos con una videocámara. Alrededor de la fosa, bajo un pasillo de dos metros con nichos a ambos lados, el frío cala los huesos de quienes esperan desde hace años este momento, contradictoriamente amargo por el juicio a Garzón. “No me puedo creer que estén aquí ya”, reflexiona con la pala en la mano Manuel Martínez, también sobrino nieto de Granada.  

Tras la exhumación, que no cuenta con financiación pública, se realizarán las pruebas de ADN. María José Domínguez, la presidenta de la asociación que agrupa a los familiares, anda de arriba abajo nerviosa. A ella le mataron a su abuela, Manuela Méndez, de 24 años. “Esta noche no he dormido”, asegura. La luz entra ya en el agujero. María José y Lucía se funden en un abrazo. La verdad está saliendo.

EL ULTRACONSERVADOR QUE QUERÍA UN MATRIMONIO ABIERTO


El Partido Republicano queda más dividido que nunca con la victoria de Newt Gingrich en las primarias de Carolina del Sur, con un 40% del voto. Tercer capítulo por la nominación, y ya son tres los precandidatos que ganan una contienda, convirtiendo de repente este proceso en totalmente impredecible.

Poco pareció importarle a este electorado de perfil conservador la poco tradicional vida privada del expresidente de la Cámara de Representantes, al que no le afectaron las recientes declaraciones de su segunda exmujer, Marianne, que en una entrevista a la cadena ABC este jueves contó cómo su entonces marido, a finales de los noventa, le había ofrecido un matrimonio “abierto”, pidiéndole poder continuar su relación sentimental con la empleada que luego se convertiría en su tercera mujer, Calista. Este chascarrillo propició la primera pregunta del último debate televisado por la CNN, provocando una enérgica negativa del candidato que fue recibida con vítores y aplausos del público. cuartopoder


Esta imagen de Gingrich y Calista me va a producir insomnio a buen seguro, ahora que estaba recuperando el sueño por la ausencia pública de González Pons

HOMENAJE A "EL COQUI" Y AL ALGODÓN DE AZÚCAR











 "Todo resultó brillante en el día de San Sebastían", he leido como titular de cabecera en un periódico local de Huelva, y al contemplar estas imágenes no dejaba de acordarme de la frase que pronunció Millás sobre el atuendo de Cospedal en el Corpus, "toda la cutrez del mundo". Estaba el patrón, el alcalde, los curas y la guardia civil, solo faltaba el farmacéutico y el tonto del pueblo

domingo 22 de enero de 2012

CHOQUERO VIEJO


Tradición es el conjunto de patrones culturales que una o varias generaciones hereda de las anteriores y, usualmente por estimarlos valiosos, trasmite a las siguientes. Se llama también tradición a cualquiera de estos patrones. El cambio social altera el conjunto de elementos que forman parte de la tradición.

Se considera tradicionales a los valores, creencias, costumbres y formas de expresión artística característicos de una comunidad, en especial a aquellos que se transmiten por vía oral. Lo tradicional coincide así, en gran medida, con la cultura y el folclore o «sabiduría popular».

La visión conservadora de la tradición ve en ella algo que mantener y acatar acríticamente. Sin embargo, la vitalidad de una tradición depende de su capacidad para renovarse, pudiendo cambiar de forma para adaptarse a nuevas circunstancias, sin perder por ello su sentido.

El poeta Vicente Aleixandre destaca esta capacidad creadora de la tradición al escribir en su discurso de recepción del premio Nobel: Tradición y revolución. He ahí dos palabras idénticas. Wikipedia


En distintos lugares de España se celebra hoy la festividad de San Sebastían, siendo típico de Huelva asimilarla con la exposición y venta de los palmitos , planta silvestre que recuerda a un bonsai de palmera, espero que sin picudo rojo, y donde se esconden las "aguelas", esa especie de manjar codiciado por el "Choquero Viejo", el de familias autóctonas de Huelva, en varias generaciones.

En la India existe una tradición de examen más que discutible. La escuela de la localidad india de Villupuram examina también la valentía de sus niños: los pequeños deben colocar sus manos sobre el suelo para que una moto pase por encima. El director, que ha recibido quejas de los activistas por los derechos humanos, alega que tiene el consentimiento de los padres. 
 
Atropellan con una moto las manos de los niños para probar su coraje

sábado 21 de enero de 2012

SOMOS LO QUE DECIMOS Y LO QUE PARECEMOS SER


Kim Schmitz
Fundador de la popular página de descargas Megaupload, intervenida por EEUU.
"No sabía que se podía ganar tanto dinero con la piratería"

Juan José Padilla
Torero que se recupera de una grave cogida de toros
"Quiero volver a ser el Ciclón de Jerez"


Carlos Fabra
Político al que siempre le toca la lotería y al que acaban de abrir juicio oral contra el, después de 9 años de causa y varios jueces y fiscales.
"Nunca encontrareis nada contra mí"

viernes 20 de enero de 2012

EL DELFÍN

Moro toma el control de Urbanismo y Emtusa en relevo de Pérez Viguera.

El concejal-senador concentra el poder con la GMU, Relaciones Institucionales, Vivienda, Aparcamientos y Aguas de Huelva · 
 
En la película María Antonieta, de Sofía Coppola, Luis XVI levanta a su heredero recien nacido  y dirigiéndose a los cortesanos exclama:" Francia ya tiene a su Delfín". No me espero menos de esta corte de los milagros choquera

CINISMO A BORDO


El capitán del Costa Concordia no abandonó al barco y a sus pasajeros: es que se cayó “accidentalmente” en uno de los botes salvavidas. La excusa sólo la supera Alberto Fabra, presidente de la quebrada Generalitat Valenciana: “El PSOE es el culpable de nuestro desfase presupuestario”. Ambos naufragios tienen algo más que el Mediterráneo en común: el fasto, los trajes de gala y, sobre todo, la irresponsabilidad de quienes llevaban el timón. El PP gobierna en Valencia desde hace más de 16 años pero al parecer fue Zapatero, en su inmensa maldad, quien apuntó con una pistola en la cabeza de los Fabra, los Zaplana y los Camps para obligarles a construir un ruinoso parque temático, un circuito de Fórmula 1, un faraónico estudio de cine o un aeropuerto peatonal. 

Aunque lo que más sorprende de este cinismo es su atrevimiento; la confianza en uno mismo que otorga la impunidad. Es el mismo descaro que transmite Cristóbal Montoro cuando anuncia que el endeudamiento excesivo será un delito. Supongo que de esta reforma del Código Penal se ocupará el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, el exalcalde de la arruinada Madrid. Si además hacen caso al presidente extremeño, José Antonio Monago, y el nuevo delito se persigue “con efectos retroactivos”, habría que mandar a una pareja de la Guardia Civil al Ministerio de Justicia para que detengan a Gallardón un segundo después de que firme la nueva ley. La hipótesis es tan absurda como la propia propuesta de Montoro, el nuevo profesor Barea de las ocurrencias del PP. Antes de reformar el Código Penal, ¿qué tal si cumplen con ese código ético que nos prometió Rajoy, tres años atrás? ¿Dice algo de no tomar el pelo al elector?.  escolar.net