martes, 14 de mayo de 2013
lunes, 13 de mayo de 2013
Una casa de madera también es una casa
Seis meses de prisión a tres condenados por hacer obras ilegales en una finca. Deberán pagar 2.200 euros de multa cada uno Construyeron una casa de madera en suelo no urbanizable y sin licencia municipal
Según reza en la sentencia, a la que ha tenido acceso Europa Press y que también los condena a la inhabilitación especial para el oficio de promotor o constructor durante un año, la juez considera probado que dos de los condenados han llevado en calidad de promotores la construcción de una casa de madera sita en la zona conocida como el Chaparral, así como que la intervención del tercer condenado facilitó a los otros dos la construcción de la citada vivienda poniéndoles en contacto con terceras personas no identificadas que ejecutaron la obra.
Concretamente, la edificación consiste en una vivienda sobre una superficie de 34 metros cuadrados y un porche de nueve metros con tejado a dos aguas y consta la misma de una puerta de acceso principal, una pequeña cocina, un cuarto de baño y otra habitación.
Durante el juicio, celebrado el pasado mes de abril, dos de los condenados reconocieron que adquirieron la citada parcela con una superficie de 2.782 metros cuadrados donde construyeron sobre una base fija e inamovible de hormigón una vivienda unifamiliar de madera que constituye actualmente su residencia habitual. No obstante, mantuvieron que el tercer condenado les afirmó desde un principio que "era posible la edificación de la casa y que todo se encontraba dentro de la legalidad, encargándose el mismo de solicitar las licencias para el vallado y estructura de hormigón y poniéndoles en contacto con las personas que les montaron la casa de madera, no comunicándole en ningún momento que el suelo no era urbanizable". huelvainformacion.es
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jueves, 9 de mayo de 2013
9 de mayo, huelga general en la enseñanza
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El fracaso del neoliberalismo
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Sin periodistas no hay periodismo. Sin periodismo no hay democracia
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domingo, 5 de mayo de 2013
Kahn, el maestro secreto
Desconocido para el gran público, Louis Kahn se encuentra entre los elegidos de su gremio. Un arquitecto para arquitectos. Casi 40 años después de su muerte, una exposición reivindica la genialidad de su obra
No será difícil. Si hoy preguntas a 15 arquitectos, de Frank Gehry a Renzo Piano, cada uno tendrá sus gustos, pero ninguno le pondrá un pero a su obra. El consenso existe: Louis Kahn fue uno de los mejores arquitectos de la segunda mitad del siglo XX. Lo fue porque supo relacionar arquitectura y vida levantando edificios para la gente y al margen de la convulsión de las modas. Se sabe que Kahn se hizo el arquitecto que fue tras cumplir 50 años, cuando se tomó un tiempo para vivir en Roma y cambió modernidad por eternidad. Un vistazo a su biografía desvela que siempre vivió en precario, nunca tuvo casa propia y atravesó la Primera Guerra Mundial de niño, el crash del 29 convertido en arquitecto, la Segunda Guerra Mundial de adulto y finalmente la guerra civil de Pakistán cuando diseñaba allí el que sería su mayor proyecto. Tal vez por eso buscó en la arquitectura la capacidad para redimir a las personas por el inevitable dolor que conlleva vivir.
Si la arquitectura fue lo más cercano que estuvo de tener una casa, tuvo en cambio tres familias, aunque en su obituario solo figurara su mujer, Esther, y su primera hija, la hoy consagrada flautista Sue Ann Kahn. Siempre viajaba solo. Con 26 años, ahorró para embarcarse en el Île de France. Pasó un año en Europa visitando edificios, dibujando y vendiendo sus dibujos para alargar el viaje. Como reveló su hijo Nathaniel Kahn (hijo de Harriet Pattison) en el documental nominado al Oscar My architect. A son journey, su padre fue un hombre con varias familias, pero con una sola obsesión. Careció de aficiones o caprichos más allá de la arquitectura, a la que se dedicó en cuerpo y alma: durmiendo apenas unas horas sobre su mesa de trabajo o sobre su gabardina doblada, viajando con poco más que una bolsa, teniendo un vestuario exiguo y de un único color; reduciendo, en suma, la intendencia de la existencia para no distraerse de lo único que consideraba relevante. Seis semanas después de encontrar su cuerpo en los baños de Penn Station, su despacho cerró. Atravesaba su mejor momento como arquitecto, pero tenía una deuda con sus empleados de casi medio millón de dólares. Murió endeudado y sin ser dueño de nada. La excelencia arquitectónica es una afición que solo renta en los libros de historia. Los proyectos de Kahn también explican eso.
Igual que cuentan que el éxito profesional puede estar rodeado de caos personal. O que el amor y la familia son, al contrario que la arquitectura, asuntos con fecha de caducidad. Así, más allá de un trabajo que no ha perdido vigencia, la vida de Kahn ilustra cómo la época heroica de la arquitectura comienza a desdibujarse. Frente a una mayoría monolítica de estudiantes burgueses, él fue un chico pobre que llegó a construir sin haber conocido lo que era tener casa propia. Es imposible que esa entrada no defina una mirada distinta.
Cuando un Louis Kahn de cinco años, entonces llamado Leiser-itze Schmuilowsky, desembarcó en Filadelfia, su padre ya se había cambiado el nombre por el de Leopold Kahn, y el niño ya había sufrido unas quemaduras en la cara cuyas cicatrices harían de él un hombre tímido. Se instaló con sus padres y hermanos en un piso pequeño al norte de Filadelfia. Tras 12 mudanzas, los padres conseguirían comprarse una casa de ladrillo donde Kahn vivió hasta que con 30 años se casó con Esther Virginia Israeli y se fue a vivir con sus suegros (37 años más) en la zona rica de la ciudad. Sus padres no pudieron pagar la hipoteca y emigraron de nuevo a Los Ángeles. Ese trasiego tuvo que dejar huella en el arquitecto: comenzó trabajando desde la casa de sus suegros y se obsesionó con la urgencia de levantar viviendas dignas para los más necesitados. En eso consistieron sus primeros trabajos.
En 1941 ideó con Oskar Stonorow cinco comunidades para trabajadores: 2.000 nuevas casas y dos años después vendió 110.000 copias del libro Why city planning is your responsability (Por qué el urbanismo es su responsabilidad). Esos inicios definen su trayectoria tanto como su trabajo de pianista en un cine cuando tenía 10 años.
La gota que colmó el vaso de esa relación tiene como escenario el MOMA. Había sido Tyng quien abrió a Kahn el mundo de las estructuras tensadas, pero en la City Tower, un proyecto que las exponía en la muestra sobre arquitectura visionaria, él no reconoció esa coautoría. Tyng lucharía toda su vida para conseguir ese reconocimiento. En 1997, con 77 años, decidió publicar las cartas de Roma y al fin obtuvo el crédito que se le debía. “Lou tenía una personalidad muy poderosa. Se dedicó a la arquitectura renunciando a todo lo demás”, escribió.
En 1958, Kahn había conocido ya a su tercera pareja, la paisajista Harriet Pattison –27 años más joven que él y todavía viva–. Dos años después del incidente del MOMA nació su hijo Nathaniel, candidato al Oscar al mejor documental con su primera película. “No conocí muy bien a mi padre. Nunca se casó con mi madre y nunca vivió con nosotros”, comienza el filme, que en 2003 sirvió para que un hijo conociera a su padre y para que mucha gente conociera al arquitecto Louis Kahn.
En 1963, Kahn se aproxima a su última década y en ese tiempo se asegura un puesto en la historia. A los sesenta pertenecen encargos como la Asamblea de Dhaka y el Salk Institute (1959-1965), en California. Con fama de críptico, tenía claro que el clasicismo –la permanencia– requiere humildad, “un abandono del exceso de personalidad”, le enseñó su primer maestro, Paul Philippe Cret. “Al contrario de tantos arquitectos modernos, entre los edificios del pasado Kahn vio siempre amigos, no enemigos”, según el historiador Vincent Scully.
En 1962, el presidente paquistaní Ayub Khan decidió levantar en Dhaka una asamblea para suavizar la voluntad separatista de los bengalíes que habitaban esa zona. Le Corbusier rechazó la oferta y Alvar Aalto estaba enfermo. Kahn aceptó el encargo. Una plataforma de ladrillo arraiga hoy la asamblea, levantada con piezas de hormigón; un volumen fortificado, que es más eterno que moderno, representa a una sociedad que quiere ser libre. Kahn nunca la vio construida.
El Indian Institute of Management, en Ahmedabad, tenía detrás a Vikram Sarabhai, un físico que llevaba 10 años viviendo en una casa diseñada por Le Corbusier y entendió que India necesitaba una clase propia de dirigentes. Kahn atendió al arquitecto indio Balkrishna Doshi y cuando éste le advirtió de la importancia de las brisas del suroeste, giró el proyecto 45 grados para que pudiera pasar el aire. También en India abrió la puerta a la reconsideración del pasado construyendo lo universal a partir de lo local. “Llegó justo a tiempo”, sostiene el historiador William Curtis: “Cuando las sociedades salían del colonialismo y necesitaban encontrar su propia identidad cultural para aspirar desde ella a un futuro mejor, apareció Kahn”.
Louis Kahn declaró que la mejor arquitectura está en los espacios sin nombre y que cada uno hace suyos. Algo de eso, de falta de nombre y de interpretación personal, hubo en su manera de vivir. Es difícil saber si logró comprenderse a sí mismo, pero cuando uno visita el Salk Institute en California o el Parlamento Sher-e-Bangla Nagar, en Dhaka, se siente abrumado y a la vez liberado. No tarda en ver allí algo más que arquitectura. Y tiene la sensación de que ese maestro secreto sí logró comprender el mundo.
Anatxu Zabalbeascoa
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De plasma a plasma. De ciudadano a presidente
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viernes, 3 de mayo de 2013
El burdel
¿Le preguntará el Rey a Rajoy, cuando despachan, de dónde saca el cuajo con el que gobierna o desgobierna este pobre país? Es que si nosotros, usted y yo, ciudadanos corrientes, tuviéramos un familiar, un amigo, un vecino que disparatara con la soltura del presidente y en direcciones tan opuestas, hablaríamos, si no con él, con su mujer, sus hijos, su médico de cabecera, para alertarles de lo que ocurre, por si hubiera que tomar medidas de carácter clínico antes de que acabara con su prestigio y con el de su entorno.
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lunes, 29 de abril de 2013
Olafur Eliasson + Henning Larsen = Premio Mies van der Rohe
Premio Mies van der Rohe para la colaboración artista y arquitecto. El galardón viaja a Islandia para reconocer el nuevo Auditorio y Centro de Conferencias de Reikiavik
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domingo, 28 de abril de 2013
Denigradores que se denigran
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La representación: «figura, imagen o idea que sustituye a la realidad»
«Vivimos en una democracia teatral. Los políticos interpretamos el papel que nos toca y luego en privado hacemos y decimos lo contrario. La gente ya no se traga esta mascarada». La frase es de un importante político que ha sido casi todo en España. Lo dijo en privado, claro. En una comida off the record, entre bambalinas, donde los actores políticos se quitan el maquillaje ante los periodistas e intentan explicar lo que sucede con una extraña sinceridad que mezcla el sentido de Estado con el cinismo, como si fuesen sacerdotes que ya no creen en dios.
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¿A que no adivináis para que han servido los recortes y subidas de impuestos?

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miércoles, 24 de abril de 2013
Mientras se hace una Vichyssoise
"Hay que defender con la palabra contra quienes pretenden quitárnosla. Esgrimirla contra los desahucios de la razón"
"Una sociedad decepcionada, perpleja y herida por una renuente crisis de valores, tiende a convertirse en una sociedad renovada por su esfuerzo regenerador. Quiero creer que el arte también dispone de ese poder terapéutico".
"si es cierto, como opinaba Aristóteles, que la historia cuenta lo que sucedió y la poesía lo que debía suceder, habrá que aceptar que la poesía puede efectivamente corregir las erratas de la historia y que esa credulidad nos inmuniza contra la decepción".
Sin noticias de la Decana, la locutora se despidió y el programa y la Vichyssoise se acabaron
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El productor ilustrado de Cantinflas
Exponen la colección de arte mexicano del magnate Jacques Gelman, productor de Cantinflas
24 películas de Cantinflas
Según los dictados del corazón
Las obras nunca llegaron al museo
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Los cuatro jinetes de la corrupción
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